30 octubre, 2012

Se impone el ‘Emotiveball’ de los Gigantes


Si en los últimos meses se ha puesto de moda analizar el beisbol desde una perspectiva “Moneyball”, en la que no siempre son los grandes contratos los que llevan a la victoria, los campeones Gigantes han impuesto un nuevo parámetro que va más allá de la estadística y el dinero, algo que yo llamaría “Emotiveball!”.

Y es que si analizamos posición por posición, la novena de San Francisco no tiene ofensivamente el mismo peso que otras de las Mayores, con excepción de la receptoría, donde Buster Posey simplemente no tiene competidor; pero su clave para la victoria fue otra y han dado una lección al beisbol de todo el mundo… hay que jugar cada partido como si fuera uno de Serie Mundial.

Además de un imponente cuerpo de lanzadores, que venía siendo su carta fuerte desde el inicio de la campaña, los campeones conjugaron un gran momento en el terreno y fuera de él, una química de equipo que no veíamos desde hace mucho tiempo en ningún otro.

Camaradería, bromas, motivación, humildad, flexibilidad para jugar distintos roles, intensidad, entrega total, confianza desde el cuerpo ejecutivo y un apoyo estrambótico en las gradas fueron parte del repertorio “secreto” de los Gigantes, algo que no se puede comprar en ninguna parte, algo que no brinda un contrato multimillonario, ni un apellido estelar en el lineup o un análisis estadístico; son cosas muy humanas de las que también está hecho el Rey de los Deportes, y muchas veces se dejan atrás al verse sólo como negocio.

La verdad es que no es una sorpresa que los Gigantes hayan llegado hasta este punto, quizás lo sea para quienes no habían puesto atención en este equipo de “Misfits” (como los llamó el Presidente de EU, Barack Obama, en 2010), o para quienes sólo ponen la vista en el juego grande de batazos largos y equipos más rentables en cuanto a mercadotecnia (como para transmitir sus juegos).

Aunque no les tocó celebrar en casa, los seguidores de los Gigantes tomaron las calles una vez concretado el último out. Así se vivieron los festejos inmediatos en distintos puntos.

Lo cierto es que el beisbol en San Francisco es sumamente intenso, todo el año, incluso desde los entrenamientos de primavera. Este año el AT&T Park logró otro récord de llenos y la afición es totalmente entregada (en 11 de las últimas 13 campañas han pasado de los 3 millones de asistentes). Los fans no dejan de apoyar, gritar y llevar pancartas sobre los jugadores, para muchos de los cuales tienen sobrenombres lúdicos, y sin importar si el equipo va ganando o perdiendo, ellos se mantienen de pie y portan escandalosos sus atuendos “Black and Orange”, y ni qué decir de las composiciones musicales especiales que hacen para cada momento de la temporada.

Los Gigantes no sólo tienen a un “Kung Fu Panda” que se hizo famoso en esta Serie Mundial, cuentan también con un “Baby Giraffe” (Brandon Belt); un “Arabian horse galop” (Zito); un “Freak” en el montículo (Lincecum); un “MadBum” (Bumgarner);  un “Huff Daddy” (Aubrey Huff); los “barbones temidos” Brian Wilson y su versión mexicana Sergio Romo; un “Rey de las Enchiladas” (Vogelsong); entre otros, y los jugadores han declarado que el apoyo de los fans es su arma secreta, pues en realidad es incondicional (algo criticado por muchos seguidores de otros equipos, a quienes disgusta tanta entrega “ciega” y escandalosa).

Si a esto añadimos la gran cantidad de tradiciones que la dirección del equipo ha vuelto casi una marca registrada: “Orange Fridays” (todos van al parque vestidos de naranja los viernes), “Fiesta Gigantes” (se conmemoran a las estrellas latinas), Internet gratuito en el parque para poder tuitear el juego, los fans en sus canoas y botes tratando de encontrar un “Splash Home Run” (en el jardín derecho), entre muchas otras, tenemos el escenario ideal para este estallido de química.

No sólo eso, San Francisco también se supo imponer a las lesiones (perdieron a su cerrador estelar Brian Wilson; a su segunda base Freddy Sánchez; Aubrey Huff perdió el puesto al padecer estrés; el año pasado tuvieron fuera a Buster Posey y a Barry Zito casi toda la campaña, entre otras); también se sobrepusieron a la pérdida de quien era su líder ofensivo, Melky Cabrera, al dar positivo por dopaje (lo pudieron usar en playoffs pero optaron por no hacerlo), y como para darle más dramatismo al asunto, retomaron el juego de la “tortura”, como lo apodaron los fanáticos de la bahía, al definir muchos encuentros en la última entrada y concretar regresos espectaculares como ante Rojos y Cardenales en la postemporada, tras estar a una derrota de la eliminación.

Éste fue el festejo en el famoso bar "Finnerty's", ubicado en NYC pero dedicado a los Gigantes

Ya en el terreno duro, estadísticamente estos Gigantes arrasaron con sus rivales, colectiva e individualmente. Terminaron la postemporada con racha de 7 victorias consecutivas y diferencial de 37 carreras anotadas por sólo 7 recibidas.  Pablo Sandoval fue el justo MVP de la Serie Mundial con .500 de promedio y sus tres cuadrangulares en el mismo primer juego (sólo él, Babe Ruth, R. Jackson y Albert Pujols lo han hecho); mientras que Marco Scutaro también fue el Jugador Más Valioso pero de la Serie de Campeonato, al registrar .500 de promedio y 4 impulsadas en ese lapso.

Hombre por hombre, hubo un incremento radical en la producción, y hay que destacar especialmente las extraordinarias jugadas defensivas que vimos de parte de Gregor Blanco, Marco Scutaro, Angel Pagan, Pablo Sandoval, Brandon Belt y Brandon Crawford, estos dos últimos los novatos que apenas vieron acción como titulares este año.

Así, San Francisco es ahora el segundo equipo con más títulos en la Liga Nacional y cuarto en todas las Grandes Ligas, con 7; además de que son la novena que más victorias tiene en la historia, con 10 mil 616; y el campeonato conseguido el domingo es su segundo en tres años, lo que abre el debate sobre a quién podemos considerar el equipo más fuerte de la Liga Nacional, ¿Cardenales o Gigantes? (los primeros tienen 11 anillos y son cuartos en número de victorias).

De aquel equipo campeón en 2010 había 11 peloteros en el roster de esta postemporada, y son justamente la base sólida del equipo, del que se pueden destacar tantas historias particulares, como el que Buster Posey, a sus 25 años y con apenas dos temporadas completas, lo ha ganado todo: Novato del Año 2010, Título de Bateo 2012, Regreso del Año 2012, Premio Hank Aaron 2012, Anillo de Serie Mundial 2010 y 2012, titular en el All-Star Game 2012 y muy probablemente será MVP de la temporada y candidato a Guante de Oro; todo esto tras recuperarse de una fractura de tobillo que lo dejó fuera casi todo el año pasado.

Barry Zito volvió a su nivel para registrar su primera campaña con marca positiva (15-8 / 4.15 en season y 2-0 / 1.69 en postseason); Marco Scutaro resultó ser la mejor adquisición que pudieron haber hecho (llegó el 27 de julio proveniente de Colorado); Sergio Romo asumió con solidez el papel de cerrador (4 salvamentos en 4 oportunidades en playoffs); Tim Lincecum halló en el relevo una nueva vitrina (segundo en ponches, con 20); el veterano Vogelsong terminó de consolidar lo que había mostrado el año pasado (entre 2011 y 2012 suma 27-16) y el mánager Bruce Bochy ingresó a la élite de los “Skippers”, uniéndose a John McGraw como los únicos timoneles que han conseguido dos títulos con el equipo, además de que es el único que lo ha logrado con la novena ya radicada en San Francisco y acumula marca de 8-1 en Series Mundiales.

Ahora, lo único que provoca incertidumbre de los campeones es qué peloteros de los que se consagraron permanecerán con el equipo el próximo año. Por lo pronto Barry Zito se acerca a su último año de contrato (vence en 2014); tendrán que decidir si retienen a Marco Scutaro, Angel Pagan, Hunter Pence y si condonan a Melky Cabrera (todos serían agentes libres en 2013); Tim Lincecum, Aubrey Huff y el zurdo Javier López estarán la próxima campaña en su último año de contrato, y a decir verdad los únicos que están firmados a largo plazo son Matt Cain y Madison Bumgarner (hasta 2018 y 2019 respectivamente).

En fin, hoy es momento de celebrar y “sangrar naranja”, y cierto es que el equipo arrastra sus carencias desde hace años (imaginen si tuvieran su bate de poder que no han contratado), pero llegará el Hot Stove y decisiones importantes deberán tomarse desde la oficina de Brian Sabean (General Manager), quien junto con Larry Baer (Presidente), merecen mención especial en esta transición del equipo.
Lo único que puedo decir para cerrar es gracias a los Gigantes por crear, intencionalmente o no, el “Emotiveball”, con el que no sólo ganan ellos, sino todo el beisbol.